
Lo peor de llevar a alguien a casa de mis padres es que siempre pasa lo mismo: la persona entra en el salón, mira la estantería o la pared y encuentra mi foto de comunión. Es una ley de la vida. Nadie mira primero los libros, ni las plantas, ni la televisión. No. Todo el mundo ve esa foto enorme donde yo salgo muy serio, muy peinado y con una ropa rarísima. Entonces empiezan las risas, los comentarios y la gran pregunta: “¿De verdad eras tú?”
En España eso es muy típico. Vas a casa de un amigo, de una amiga o de un primo y, tarde o temprano, alguien encuentra la foto de la comunión. A veces está en un marco precioso en medio del salón, como si fuera una obra de arte. Y claro, la broma es automática. Todos nos reímos un poco, porque casi todos tenemos una foto parecida.
Las comuniones de los años noventa eran un mundo especial. Los niños llevaban trajes muy elegantes, las niñas llevaban vestidos grandes y muchas familias gastaban bastante dinero en ese día. Todo parecía muy importante. La gente hacía muchísimas fotos, los abuelos estaban emocionados, los primos corrían por todas partes y en el restaurante siempre había mucho ruido. Además, muchos niños recibían relojes, dinero, bicicletas o algún regalo “muy serio” que en realidad no querían demasiado.
Yo recuerdo que en muchas comuniones la comida duraba horas. Primero llegaba la ceremonia, luego las fotos, después el saludo a toda la familia y finalmente el gran banquete. Los niños se aburrían un poco al principio, pero luego corrían, jugaban y desaparecían debajo de las mesas o fuera del restaurante. Los mayores hablaban sin parar, reían mucho y repetían una y otra vez que el niño o la niña estaba guapísimo.
En mi comunión pasó algo bastante típico. Yo estaba nervioso, sonreí en veinte fotos, comí más de la cuenta y al final terminé cansadísimo. No recuerdo bien todos los regalos, pero sí recuerdo una cosa: aquel día todo el mundo me miró, me habló y me hizo sentir muy importante. Ahora, muchos años después, la foto sigue en el salón de mis padres. Y sí, cada vez que alguien la ve, se ríe un poco.
Actividad: completa con pretérito indefinido o pretérito imperfecto
- Cuando yo era niño, mi foto de comunión __________ en el salón de casa. (estar)
- El día de la comunión nosotros __________ muy temprano. (levantarse)
- Mi abuela siempre __________ mucho en estas celebraciones. (emocionarse)
- En el restaurante los niños __________ de un lado a otro toda la tarde. (correr)
- Yo __________ muy nervioso antes de salir de casa. (estar)
- Después de la iglesia, mi familia y yo __________ muchas fotos. (hacer)
- Los abuelos __________ muy contentos y no paraban de sonreír. (estar)
- En muchas comuniones de los años noventa la comida __________ horas. (durar)
- Al final del día yo __________ muy cansado pero muy feliz. (terminar)
- Mis primos __________ debajo de las mesas mientras los mayores hablaban. (jugar)
- Mi madre me __________ el pelo con mucho cuidado aquella mañana. (arreglar)
- Durante la comida todos __________ y __________ muy alto. (hablar, reír)
