
Antes, para hablar con alguien, había que hacer un pequeño “ritual”. Si querías quedar para tomar un café, no mandabas un WhatsApp y ya está: había que ir a la puerta, llamar al timbre y esperar. O había que llamar al teléfono fijo de la casa. Y lo peor (o lo mejor) era que no sabías quién iba a responder.
A veces contestaba la madre, a veces un hermano… y a veces, cuando yo era adolescente y llamaba a una chica que me gustaba, lo cogía su padre. Yo intentaba sonar muy formal: “Hola, buenas tardes… ¿está Marta, por favor?” Y él, con voz seria, me decía: “¿Quién eres?” En ese momento me quedaba sin palabras y pensaba: “Perfecto, Paco, qué éxito”. Luego colgaba y me reía, pero también me ponía nervioso de verdad.
También para comunicarse había que escribir cartas a mano. Había que buscar papel, un sobre, un sello… y había que tener paciencia, porque una carta tardaba días. Hoy día, en cambio, hay que usar emails para muchas cosas: para el banco, para el médico, para el colegio, para el trabajo. Es más rápido, sí, pero también es menos personal. Antes, una carta tenía algo especial: el papel, la letra, incluso el olor. Ahora un email llega en segundos y ya está.
Y si querías escribir algo “serio”, como un documento o un trabajo, había que usar máquinas de escribir. Era un mundo diferente: no podías editar el texto fácilmente. Si te equivocabas, tenías que repetir una línea, o una página entera. Yo recuerdo ver a mi padre con la máquina: el sonido era fuerte y constante, y él trabajaba con mucha concentración. Hoy día, con los ordenadores, todo es más sencillo: escribes, borras, cambias, copias y pegas. Hay que saber usarlo, claro, pero es muchísimo más cómodo.
Y para organizar la vida diaria, había que usar una agenda de papel. Había que apuntar las cosas a mano: “martes, dentista”, “jueves, café con amigos”. Si olvidabas la agenda en casa, mala suerte. Hoy día, en cambio, hay que usar un calendario online: el móvil te avisa, te manda una notificación, y hasta te recuerda que salgas antes si hay tráfico. Es práctico, pero también nos hace depender mucho del teléfono.
Al final, la tecnología ha cambiado nuestras relaciones en cosas muy pequeñas. Antes quedabas con alguien y ya estaba: “Nos vemos a las seis en el bar”. Hoy día, muchas veces hay que confirmar: “¿Sigues pudiendo?”, “Voy cinco minutos tarde”, “Te escribo cuando llegue”. Es más fácil comunicarse, sí, pero también es más difícil desconectar. Y a veces yo me pregunto: ¿hemos ganado comodidad… o hemos perdido un poco de tranquilidad?
Actividad: Rellena los huecos (PRESENTE DE INDICATIVO / PRETÉRITO IMPERFECTO)
Instrucciones: Completa cada frase con el verbo entre paréntesis en PRESENTE DE INDICATIVO o PRETÉRITO IMPERFECTO. Fíjate en los indicadores temporales.
- Hoy en día, yo siempre __________ el móvil antes de salir de casa (mirar)
- Cuando era adolescente, mi mejor amigo me __________ a casa para hablar un rato (llamar)
- Ahora mismo, en mi trabajo __________ muchos emails cada mañana (escribir)
- Antes, en mi barrio la gente __________ una agenda de papel para apuntar citas (usar)
- Normalmente, nosotros __________ por WhatsApp para quedar a tomar un café (organizar)
- Hace años, para hacer un trabajo en limpio, mi madre __________ una máquina de escribir (tener)
- Este año, el calendario online me __________ una notificación cuando tengo una cita (mandar)
- En aquella época, si alguien __________ tarde, nadie podía avisar por mensaje (llegar)
- Cada semana, yo __________ una videollamada con mi familia (hacer)
- De pequeño, yo __________ nervioso cuando sonaba el teléfono fijo en casa (ponerse)
